Mucha gente viene, juega, se toma una caña y se va sin pensar en lo que cuesta mantener este verde en mitad de una provincia que, a veces, parece un secarral. Ser gринкипер en el sur de España no es un trabajo, es un dolor de cabeza constante, pero a mí me encanta. El césped es un ser vivo que sufre con el calor de agosto y que se estresa si hay demasiada gente pisándolo. Aquí no usamos productos químicos raros solo para que la foto salga bonita en Instagram. Preferimos trabajar con la naturaleza. Usamos agua regenerada para el riego y elegimos variedades de gramíneas que saben lo que es pasar sed sin morir en el intento. La sostenibilidad para nosotros no es una pegatina en la puerta, es la única forma de que mis nietos puedan seguir viendo este campo verde dentro de treinta años.

Cada hoyo tiene su propia personalidad y, por tanto, sus propias necesidades. El hoyo 7, por ejemplo, está en una zona más baja donde se acumula la humedad, mientras que el hoyo 2 está expuesto a todo el sol del mediodía. Eso significa que no puedo regar todo el campo por igual. Es un trabajo de precisión. A veces me verás por la tarde caminando por los «fairways» solo para tocar la tierra con las manos. Si la tierra está compacta, la bola corre demasiado; si está muy blanda, se entierra. Mi meta es que el campo sea justo. Si das un buen golpe, el campo tiene que recompensarte. Si das un golpe malo, bueno, para eso están los búnkers y el «rough», que para algo los mantengo bien espesos.
¤ Gestión del agua mediante sistemas de riego inteligente por sectores.
¤ Variedades de césped seleccionadas por su resistencia al clima mediterráneo.
¤ Mantenimiento diario manual de los búnkers para evitar que la arena se compacte.
¤ Control de plagas mediante métodos biológicos siempre que sea posible.
¤ Aireación regular del terreno para que las raíces respiren y el campo esté elástico.
Consejo de Ricardo: No te quejes si ves que estamos trabajando en una zona apartada del campo mientras juegas. Estamos asegurándonos de que mañana el campo esté mejor que hoy. Y un detalle: si ves que el rocío de la mañana todavía está en el green, la bola irá un poco más lenta de lo habitual. Ajusta tu fuerza, no el ángulo.
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A veces los jugadores se frustran porque los «greens» están rápidos. A ver, un «green» lento es como un billar con la tela rota, no tiene emoción. Aquí nos gusta que el «putt» sea un desafío. Pero para lograr esa velocidad sin quemar la hierba, hay que ser un maestro de la altura de corte. Cortamos a milímetros, literalmente. Es una cirugía constante. Pero todo ese esfuerzo merece la pena cuando ves a un socio meter un «putt» de diez metros y dar un grito de alegría que se oye hasta en el pueblo. Ese es el momento en que sé que mi trabajo ha servido para algo. No busco medallas, busco que el campo sea el mejor escenario posible para tu partida de la semana.
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