
Si te pica el gusanillo del golf pero te da vergüenza aparecer por un club porque piensas que vas a hacer el ridículo, deja que te diga una cosa: todos, hasta el mismísimo Tiger Woods, empezaron dándole un hachazo al aire y quedándose con cara de tontos. Aquí en Marbella hay escuelas que parecen la NASA, con cámaras de alta velocidad y sensores en los pies, pero yo sigo creyendo que el golf se aprende sintiendo el palo y escuchando el impacto de la bola. En nuestra academia no te vamos a tratar como a un número. Mi enfoque, y el de mis monitores, es sencillo: menos teoría complicada y más práctica honesta. No quiero que seas un robot, quiero que disfrutes del juego.
Cuando viene alguien nuevo, lo primero que hago es quitarle los nervios. Muchos llegan tensos, apretando el palo como si fuera el cuello de un enemigo. ¡Así no se puede jugar! El golf es ritmo. En nuestras clases trabajamos la base: cómo agarrar el palo (el "grip", para los que les gustan los anglicismos), cómo ponerse frente a la bola y cómo girar el cuerpo sin terminar en el fisioterapeuta a la mañana siguiente. No importa si tienes veinte años o sesenta; el swing se adapta a la persona, no al revés. Lo que buscamos es que te vayas a casa habiendo pegado al menos diez bolas seguidas que hayan volado recto. Esa sensación de ver la bola blanca recortada contra el cielo azul de Marbella es lo que te hace volver al día siguiente.
¤ Clases individuales para los que prefieren ir a su ritmo y sin testigos.
¤ Grupos reducidos de iniciación, ideales para aprender con amigos o pareja.
¤ Bautismo de golf: una mañana completa para que veas de qué va esto sin compromiso.
¤ Análisis del swing a la vieja usanza: con el ojo experto de quien ha visto miles de golpes.
¤ Precios especiales para residentes de la zona, porque queremos que el golf sea de todos.
> **Consejo de Ricardo:** No te gastes un dineral en un equipo profesional antes de saber si te gusta este deporte. Nosotros te prestamos los palos para empezar. Aprende primero a moverte, y cuando ya sepas por qué la bola va a la izquierda o a la derecha, entonces hablamos de comprar hierros. El hábito no hace al monje, y el palo caro no quita el "slice".
A veces vienen padres con niños que quieren que el chaval sea el próximo campeón del mundo. Yo siempre les digo lo mismo: dejad que el niño juegue. En la academia fomentamos que los más jóvenes se diviertan primero. Si se divierten, aprenderán las reglas de etiqueta casi sin darse cuenta. El respeto al campo, el silencio cuando el compañero va a golpear y el cuidado del material son lecciones de vida, no solo de golf. Mi meta no es sacar profesionales, sino sacar golfistas que amen este deporte y que cuiden mi césped como si fuera suyo. Si al final de la clase te duele la cara de reírte más que la espalda, es que hemos hecho un buen trabajo.
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